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De alguna forma, perder la pierna ha sido un gran regalo

Estaba aterrorizada,” admitía Stef, para justo después controlar su ansiedad lo suficiente para antes de saltar y hacer la mejor marca de su carrera. “Tus piernas tiemblan un poco y piensas, “¿lo haré bien?”. “Pero entonces te dices a ti misma, ‘¿sabes qué? Has luchado contra una hélice, y has ganado. Esto no puede ser tan difícil”.

La hélice era de una lancha motora en un lago al norte de Toronto hace once años, y el piloto era el hermano de la mejor amiga de Stef que no la vio en el agua justo en su camino. in tiempo de salir nadando, Stef intentó bucear hacia el fondo para evitarla, sin tiempo para recordar que llevaba un chaleco salvavidas. Antes de desvanecerse, y al tocarse la espalda notó como metía la mano en su cuerpo y pensó que literalmente estaba partida en dos.

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