Elana Meyer: ‘De toda raza, tribu, lengua y nación’

Elana Meyer es una atleta sudafricana que fue medalla de plata en la prueba de los 10.000 metros de los Juegos Olímpicos de 1992 y 1996. Como parte de su entrenamiento corría alrededor de 150 kilómetros por semana.Después de la medalla de plata en Atlanta confesaba que lo que más tranquilidad le daba era saber que el amor de Dios por ella es incondicional: «No depende si gano o no».

Después de la carrera de 1992 en Barcelona dio la vuelta de honor al estadio cogida de la mano de la medalla de oro, la etíope Tulu Deratu. «Juntas simbolizamos al mundo entero, la esperanza de la unidad racial en África».

¡Gracias a Dios que muchas personas luchan para que no haya discriminación racial, ni de ningún tipo!

A pesar de todo, muchos siguen creyéndose superiores a los demás, así que esa lucha debe ser continua y sin descanso. La verdad es que el cielo es el lugar donde terminarán definitivamente todas las discriminaciones. Dios no solo nos creó a todos iguales, sino que nos ama a todos de la misma manera. En su casa habrá personas de toda tribu, lengua, pueblo y nación, nadie se quedará afuera por su raza o su procedencia. A Dios le encantan todas sus criaturas.

En la casa de Dios todos seremos sus hijos, no habrá ningún tipo de distinción. Todos viviremos eternamente disfrutando de su amor y de toda la creación. De una manera que no podemos imaginar, todos hablaremos y comprenderemos todas las lenguas posibles, y habrá una armonía tan perfecta que todo lo que va a ocurrir en cada momento nos asombrará.

«Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra» (Apocalipsis 5:9-10).

Dios nos ha hecho reyes y sacerdotes de todos los pueblos, razas y lenguas a todos los que creemos en él. Cualquier persona de cualquier país del mundo que recibe al Señor Jesús en su vida es considerada por Dios como un rey. Quienes defienden posturas racistas no pueden comprender el carácter de Dios.

La diversidad es parte de la gloria de la creación de Dios. Él nos hizo a todos diferentes y nos ama a todos. La uniformidad es obra del diablo. Todos los dictadores odian las diferencias, quieren que todos piensen, vivan y reaccionan tal como ellos quieren. El maligno es un dictador. Dios ama las diferencias porque él las creo, y Dios disfruta regalando libertad y gracia a todos, sean creyentes o no.

Dios nos enseñará a disfrutar de esa diversidad en el cielo, porque ama la diversidad. Jamás debemos olvidar que una de las mejores maneras de honrar a Dios es ser uno mismo. Dios nos hizo a cada uno diferentes para que disfrutáramos de la libertad de ser diferentes.

El diablo inventó el orgullo de querer ser como otro, la amargura de no estar feliz con uno mismo. Ese orgullo que se llena de envidia cuando queremos estar en el lugar de otra persona, o cuando pensamos que Dios se equivocó con nosotros.
No caigas en ese orgullo: cuando eres tú mismo, honras a tu Creador. Cuando te sientes feliz por lo que eres, y amas a los demás tal como son, estás honrando a Dios.

Jaime Fernandez, en Protestante Digital

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Publicado el 30 septiembre 2013 en Atletismo, Devocional. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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