A través del deporte me he dado cuenta de cuán grande es Dios

No siempre son ganadores. Se entrenan a diario, muchas horas, a veces sin suficientes patrocinadores o apoyo estatal que garanticen un sustento económico. Pero como deportistas de élite, siguen adelante en su esfuerzo por lo mejor. Estas son algunas de las lecciones que, según la ciclista Ashleigh Moolman-Pasio, le han ayudado a entender mejor a Dios.

Moolman es cristiana evangélica y, aunque su nacionalidad es sudafricana (nació en Pretoria en 1985), se entrena desde hace algún tiempo en Europa. En la prueba de ciclismo en ruta femenino de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, quedó en el puesto 16, algo lejos de las medallas, pero a escaso tiempo de las favoritas.

También lo negativo de un deporte individual como el suyo, en el que dice encontrar actitudes “egoístas y egocéntricas”, le ayudan a fortalecer su fe en Dios. La relación de su deporte, el ciclismo individual, con la fe, se presenta para ella como otro reto.  “Me interesa demostrar que puedo ser un atleta seria, ser competitiva, sin ser egoísta y materialista”, explica.

Un mundo como el del ciclismo es duro, pero para la sudafricana quizá haya pasado por circunstancias especialmente difíciles.  En el año 2009 se rompió la clavícula en una caída. En los doce meses siguientes volvió a sucederle lo mismo en dos ocasiones, complicando su carrera.

Sin embargo, la atleta sudafricana parece repuesta de estas lesiones, lo que  le ha permitido estar entre las 20 mejores en los Juegos Olímpicos de Londres.  Ella reconoce que las dificultades también le ayudaron a confiar más en Dios. “Realmente he confiado en mi fe para seguir adelante, especialmente en tiempos difíciles, como al romper mi clavícula en tres ocasiones.  Sin la fe en Dios, creo que me habría dado por vencida.  Se trata sólo de tener paciencia y confiar en él”, asegura.

Pero no es sólo en los malos tiempos en los que Ashleigh reconoce a Dios. Ella suele orar en plena carrera, sobre la bicicleta – “ese es mi mejor tiempo con Dios”, confiesa.  “A través del deporte me he dado cuenta de cuán grande es Dios. Me gusta dar gloria a Dios en los buenos tiempos. Esa es mi meta en este deporte”, cuenta Ashleigh.

Moolman-Pasio se entrena en Europa junto a su compañera de equipo Joanna van de Winkel, de 30 años, también una mujer de fe. “Le damos gracias a Dios y nos ponemos en sus manos. Eso nos ayuda a descansar cuando nos toca competir en grandes citas”, apunta.

La sudafricana ha notado una diferencia en Europa con respecto a la fe de los deportistas. Así como en Sudáfrica es habitual encontrar atletas cristianos, en Europa es más bien la excepción.  “En Europa no suelen tener una fe fuerte en Dios. Para mí, estar aquí es una oportunidad para comunicar mi fe y mostrar a los atletas europeos que realmente eso marca la diferencia”,  concluye. Una diferencia que va mucho más allá del triunfo o la derrota.

La vida y la grandeza de Dios me inspira y empuja mi cuerpo hasta el límite todos los días, recordadome lo maravillosos que somos y lo bien estamos hechos!

Fuente: Protestante Digital

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Publicado el 24 septiembre 2012 en Ciclismo, Juegos Olimpicos, Londres 2012. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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