Mirada al futuro, de Esteban Lozano

El pasado 3 de agosto, tres amigos hablaban de los Juegos Olímpicos de Londres. Los días pasaban y España sólo atesoraba dos medallas. Dos de ellos no dejaban de advertir, desolados, que no alcanzaríamos las diez metales. Como el tercer chico se atrevió a indicar que llegaríamos con total seguridad a las quince, tuvo que aguantar el chaparrón.

El razonamiento de los pesimistas era que, si en seis días habíamos obtenido dos, la lógica indicaba que en los días siguientes sería imposible que lográramos trece. El fútbol, una de las bazas más sólidas, cayó con estrépito; y el ciclismo y el tenis tampoco trajeron medallas. Sabían de deporte pero al ver que tres de nuestras disciplinas más conocidas volvían de vacío, pensaron que estábamos haciendo un pésimo papel y que eso contagiaría a las de por sí no suficientes opciones de medalla que nos quedaban. Craso error, desconocían nuestras posibilidades en otras pruebas no tan mediáticas…

Por su parte, el optimista pensó qué perspectivas podía traer cada deporte, y las cuentas le salían: taekwondo, piragüismo, triatlón, las chicas de la sincronizada, los deportes de equipo, vela, etcétera. Y puso en perspectiva los jornadas anteriores: el fútbol sí fracasó, pero del tenis, sin Nadal, no podíamos esperar una medalla, que estuvimos a punto de lograr; y en el ciclismo, nos faltaban nuestras dos principales bazas por lesión, aparte de que el ciclismo es una lotería en carreras de un día. El judo falló, sí, pero igual que en los dos últimos juegos, así que tampoco fue un gran contratiempo. Por otra parte, no era ningún fracaso ver como otros españoles se quedaron al borde del metal, ya que compitieron bien y no eran claros favoritos en sus pruebas.

En una competición como los Juegos, es imposible que todas tus opciones buenas de medalla triunfen, siempre hay sorpresas; pero en ambas direcciones: lo normal es que también alguno de tus deportistas que iba de “tapado”, se cuelgue una presea. Sea como fuere, el análisis frío, no sentimental, objetivo, dio su fruto. España logró 17, y aquellos dos amigos tuvieron que bajar la cabeza.

Lamentablemente, como cristianos, a veces basamos la mirada a nuestro futuro sólo en este tipo de análisis que, sin ser negativo en sí mismo, no recoge todas las variables a tener en cuenta. Sirve para unos Juegos Olímpicos pero no para nuestras vidas. Y, cuando las cosas nos vienen mal dadas, el futuro nos inspira temor y desesperanza. Sí, con frecuencia olvidamos que Dios es todopoderoso y puede darle un giro a nuestros problemas; Él puede darnos una salida y cambiar el rumbo de las cosas. Claro, por la naturaleza del problema, quizá en ocasiones permanezca toda la vida, pero Dios nos invita a no perder de vista su promesa de que “todo obra para el bien de los que lo aman”.

Tanto si el futuro trae un final u otro a nuestras circunstancias, podemos mirarlo con esperanza y con la convicción de que Dios nos cuida. Recuerda, tu vida no son unos Juegos Olímpicos. Descansa en Dios.

Autor: Esteban Lozano Cillero

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Publicado el 27 agosto 2012 en Devocional. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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